Una promesa para Julieta

Prepararon tu nacimiento para ser una perrita herramienta,

Ya desde bebé sufriste el desprecio del hombre de la escopeta. Usada para cazar y desechada con tan solo 1 año porque por lo visto no hacías bien el trabajo de matar. ¿Como lo ibas a hacer? Si toda tu, eres bondad…Julieta. Un domingo de diciembre corrías carretera abajo entre los coches, aterrorizada.

Los que se hacían llamar “tus dueños” se apresuraron a marchar al bar, los vinitos de celebración después de asesinar son parte importante de lo que llaman el deporte de cazar. Ese día tu fuiste probada y como no les valías, antes de ponerte el chip y presentarte como propiedad o responsabilidad, decidieron dejarte en el campo. Una boca menos que alimentar, si total, tu carrera no era productiva mejor muerta que malgastar un real.

En tu huida acabaste enganchada en un matorral, y una mano rápida te cogió en volandas para apartarte de los peligros que acechan en las carreteras. Estabas tan delgadita, con esa mirada de pena… tiritera de pánico que no se puede ocultar. Estabas aterrorizada de la vida, de los humanos, de la ciudad y del campo. Porque nunca sabremos los horrores que viviste y las cicatrices que te dejaron marcada esa mirada.

La primera vez que nos vimos, tu estabas en el sofá, esperando que los humanos una vez más resolvieran (o no) tu vida. Yo no quería ni mirarte porque sabía que me iba a enamorar. Te llevaron a una casa de acogida, por entonces no había mas plazas en EL Hogar. Y allí descubrimos porqué crecía en tu barriguita. No uno, sino tres cachorritos que guardabas en silencio para que no fueran descubiertos. Pero una mama prematura y 3 bebés son mucha responsabilidad. Así que no pude rechazar por segunda vez tu mirada y obviar que habías sido rechazada.

Y a cambio de un huequito en mi vida, me regalaste el primer día de tus bebés. Me enseñaste a cuidarlos. Compartiste conmigo todo lo que tenías. En el Santuario tu miedo casi desapareció, hasta jugabas con los voluntarios. La Macarra de la manada, la pequeña consentida por los veteranos. Y con cada día, y con cada noche, algo se fraguó muy especial.

Tu mi gitana y yo tu mamá.
Conmigo no había miedo. Olvidaste que un día corrías para huir.

Ahora corrías en el campo a mi lado. Ya no te sentías usada, no tenias responsabilidad mas que jugar acorde a tu edad. Nuestra vida juntas era perfecta, pero recordamos que esto es un lugar de paso. Maldita reflexión, maldita decisión: Tu, siendo joven y sana, mi querida Julieta tenías que volar algún día y encontrar a tu familia.

Quisimos completar tu recuperación sociabilizándote en ciudad. Que perdieras el pánico a la multitud, a las personas extrañas y a lo desconocido.Y cada día me contaban tus logros, pequeñita…

Y yo cada día me preguntaba: ¿Por que no soporto tu ausencia?, ¿por qué me cuesta tanto separarme de ti? Si lo hacemos por tu bien, por garantizarte un futuro sin miedos. Yo quería correr a buscarte. No seguir la lógica y la experiencia de años. Quería cometer la locura que tus ojos me pedían. O eso parecía entender mi corazón. Y ahora, mi niña perdida.

Y ya no soporto que no estés, no saber de ti. No tengo derecho a decirte lo mal que me siento. Porque probablemente tu estés muchísimo peor.  Yo sigo en nuestra casa pero tu… ¿donde estas tu? Aguantaré mi dolor como penitencia. Y con cada día sin ti aparecerá en mi una nueva grieta. Te buscaré Julieta, te buscaré para acunarte y besarte.

Si la vida nos da otra oportunidad, prometo romper mis reglas. Es lo único que me queda para entregar al destino a cambio de que vuelvas. Si regresas prometo no dejar que jamás te vuelvas a marchar

Tu mi gitana y yo, tu mamá.

Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/#!/group.php?gid=279683118293

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

//]]>