Una gran experiencia

javipavo

Hace unas semanas tuvimos la suerte de recibir una visita de nuestro compañero e incansable activista Javi. Os dejamos con el relato de su experiencia, y recuerda, si tu también quieres ser voluntaria/o, escríbenos: [email protected]

 

Es complicado encontrar las palabras apropiadas para reflejar con exactitud lo que viví esos cuatro días en El Hogar Provegan en Marçá, tantas emociones, infinidad de sensaciones…

Desde que entré por la puerta empecé a sentir la magia de aquel lugar, rodeado de verdes montañas, con un inmenso terreno lleno de tierras verdes para que sus habitantes puedan disfrutar a sus anchas de tantas posibilidades que les ofrece la naturaleza, lejos del despropósito de que sus vidas sean convertidas en comida.
El recibimiento de mis compañeros fue muy caluroso, con tanta alegría y cariño, la felicidad, la ilusión y las ganas que transmitían sus sonrisas era el claro reflejo de que la utopía se había hecho realidad, el sueño que viví en El Hogar durante un año en Madrid, donde el amor, el respeto por la vida y la esperanza en un mundo mejor y más justo era mil veces mejor en Marçá, sobre todo para los animales no humanos, pero también para nosotros.

Levantarse por las mañanas y salir a pasear con los perros fue uno de los momentos más especiales para mí, el rocío que te trae ese agradable olor a tierra mojada, esa calma que se percibe que parece mecerte en un sueño placentero, la niebla tras la que se esconden las montañas que te hacen creer que estás en un cuento, y sobre todo ver a los perros con esa alegría y esa paz que sienten en todo momento es algo inolvidable, todavía no me había marchado y ya estaba deseando volver.

Todos los habitantes se muestran más tranquilos, animados y curiosos de lo que ya se les veía en Madrid, con tanto espacio del que poder disfrutar, lejos de la civilización y en plena naturaleza. Félix campa a sus anchas junto a su inseparable Camille por toda la finca, descubriendo nuevos lugares y viviendo cada día una nueva aventura, al igual que las gallinas que también merodean por donde les place, los cerdos tienen un fantástico estanque donde darse esos chapuzones que tanto les gusta, las ocas tienen su propio espacio donde se sienten más seguras y se muestran más amigables, y así con todos los habitantes del santuario….

Llegué a Marçá con mucho estrés y un tanto agobiado por los problemas del día a día, pero esos cuatro días me olvidé de todo, era como estar viviendo en otro mundo diferente, en un sueño, el que todos los que amamos y respetamos a los animales queremos convertir en realidad para todos ellos, y me fui de allí con las pilas cargadas, con más paz interior de la que he tenido nunca, con mucha fuerza para seguir contribuyendo a construir un mundo mejor y con muchas ganas de volver a ese lugar del que nunca podré olvidarme.

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