Una gallina con los huesos de cristal

Iba

Así podríamos denominar a la pequeña Iba.

Después de ser rescatada de una pequeña jaula donde la tenían prisionera sin ver la luz del sol, sin tocar el suelo o sin poder estirar sus alas un día apareció en el santuario con una patita rota.
La operamos de urgencia, le colocamos fijaciones externas y tras una larga temporada inmovilizada para que soldara bien el fémur, y después de semanas con rehabilitación, cuando parecía que por fin podíamos darle el alta y que saliese de la enfermería a disfrutar del sol y la hierba como sus compañeras, ocurrió que se le quebró, como si de cristal se tratara,  su otra patita.
Y de nuevo dolor, miedo, operaciones, rehabilitaciones…

A veces no basta con querer salvar a un inocente, rescatarlo de la tortura que suponen las jaulas. Su genética seleccionada para poner huevos de forma brutal derivando el calcio y los nutrientes al sistema reproductor y no a mantener sano su propio cuerpo. La falta de fijación del calcio debido a la carencia de luz solar al estar toda su vida encerrada, la ha convertido en una gallina con huesos tan delicados que se quiebran al andar.

Iba se merece que todos estemos de su lado, que apoyemos su recuperación y hagamos todo lo posible por enmendar lo que los humanos la están haciendo pasar.

Iba es pequeña, es una gallina. Iba siente miedo y dolor, deseos de acabar ya con tantas curas, ansias de disfrutar de los baños de tierra y de poder correr ahora que no hay barrotes que se lo impiden.

Si quieres colaborar con los costosos gastos de su nueva operación y de todas las curas y medicinas que nos harán falta para salvarla, puedes hacer un donativo aquí, y poner en concepto: “AYUDA IBA”

Nº de cuenta:
LA CAIXA – ES66 2100 2405 71 0200186965

¡Mil gracias por tu generosidad!

 

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