Una caja en el parque

Si les dejan, las gallinas ponen sus huevos en primavera, sobre un nido de paja mullida.

Si les dejan, los incuban con gran cuidado, durante varias semanas, dándoles el calor de su cuerpo, mientras los diminutos pollitos se van formando en el interior.

Si les dejan, estos pollitos rompen el cascarón y piando efusivamente, ven por primera vez a su madre, que les dará cobijo bajo sus alas.

Si les dejan, la abnegada mamá gallina acude rauda y veloz a las llamadas de sus polluelos, y les enseña el mundo, y qué es lo más delicioso para comer, cuales son los lugares más confortables para descansar, qué escondrijos son los mejores para burlar los peligros , de quién conviene desconfiar y de quién se puede ser amigo.

Pero rara vez les dejan los humanos, puesto que los pollos y las gallinas, son los animales más explotados del planeta. La mayoría de ellos nacen, para morir prematuramente, sin tener la oportunidad de disfrutar de cosas tan básicas como son la luz del sol o la tierra bajo sus patas.

Estos pequeños recién llegados probablemente nunca tuvieron a mamá gallina cuidando de ellos y cacareándoles bajito mientras se dormían, porque nacieron en una máquina y al salir del huevo, no había nadie para abrigarles, sólo unos cegadores focos eléctricos y el alboroto de miles de pollitos pidiendo auxilio.

Pero su calvario no ha hecho más que empezar.

Son machos, y por esta condición, por no poner huevos en un futuro, han sido desechados.

Han sido recogidos de un contenedor donde hacinados iban muriendo aplastados y las manos que parecían amigas, les han enjaulado y vendido en el mercado para los niñitos humanos a 1 €. ¡Y suerte que no les han coloreado!

Han crecido en una familia, cada uno siendo el juguete de un sobrino, al cual el tío generoso les había comprado un pollito a cada uno para no tener discusión.

Así que después de un mes, este hombre ha recogido los regalos (que quedaban vivos), y en una caja los iba a abandonar en un parque público, donde por ver patos sueltos, el buen señor, pensó que sobrevivirían.

Y en este punto le encontró una de nuestras voluntarias, caja en mano, cara de circunstancia y los pollitos venga a piar aterrorizados…

Pero ahora ya están aquí, a salvo, y podrán crecer fuertes, sin problemas en sus huesos por la pésima alimentación y la falta de luz solar, tendrán un plumaje sano, bonito y limpio, y sus crestas serán rojas y altivas, sus patas estarán fuertes de caminar sobre la hierba y sus ojos mirarán alrededor con curiosidad y alegría sin dejar de cacarear, agradeciendo lo bueno de la vida con esa algarabía de “cococós” que tanto nos gusta.

  • Si quieres formar parte de su vida, adoptarlas y darles un hogar seguro y responsable:

[email protected]

  • Si te solidarizas con su dolor, si quieres ayudarlas y ayudarnos a rescatar a mas animalitos como ellos, puedes amadrinarles o hacerte [email protected] de EHL.

[email protected]

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