Recordando a Kothao

Cuando estoy cansada miro en los álbumes de fotos de otros años, y siempre encuentro motivos para seguir… ¡cuántas vidas y cuántos amigos salvados escriben la historia de El Hogar!

Aquí el viejito Kothao:
Abandonado en una perrera, vivió atado a una cadena toda su vida, de profesión le dijeron que era guardián y que era muy fiero.
Así envejeció comiendo solo pan rancio y durmiendo sobre el  duro cemento. Con su hermoso pelo lleno de nudos y garrapatas jamás pudo correr ni caminar más de 5 pasos, lo que permitía aquella asfixiante cadena.
De aspecto rudo y voz de gigante, como su precioso cuerpo. De Kothao decían que daba miedo.
También decían sus carceleros que le querían, por eso cuando le descubrimos, no nos dejaron adoptarle y darle un hogar.
Pasaron 4 años de verle atado, de acariciarle cada vez que pasábamos a su lado. Y el cachorro dulce, encerrado en un cuerpo de inmenso pelo enmarañado jamás mostró más que curiosidad ante las caricias que nunca había recibido.

Un día, nos contaron que el anciano guardián estaba muriendo, había perdido su voz y ya no se sostenía en pie.
Y pensamos… y soñamos….
Que el perro fiero rompía su cadena, que limpiábamos la escarcha de su cuerpo y abrazándole le quitábamos de su corazón el hielo.
Que nuestras palabras de aliento y esperanza le harían sentir calor y dejaría de tiritar mientras encontraba la libertad.
Y pensamos… y soñamos… que el abuelo viviría feliz en un lugar de ensueño donde le cortaron su sucio y enmarañado pelo, y le lavaron y le amaron por primera vez.
En esos dulces sueños Kothao fue apodado “el rey león” del santuario, y pudo correr y pudo jugar con su castigado cuerpo.

Vivió un año.

kothaologo

 

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