¿QUÉ SUPONE PARA LOS ANIMALES DECIR QUE COMEMOS «POCA CARNE»?

La frase «yo es que como poca carne», habitualmente precedida por «yo es que como de todo», suele usarse para justificar un hábito que, lejos de ayudar a los animales, los sigue dañando. Según datos de Catalogue of life en España se crían 8 especies de mamíferos de las 5852 conocidas –menos del 0,15%- y menos del 0.03% de las 10356 de aves–RD45/2019.
¿Cuánto es poca carne? ¿Qué se puede considerar en ese todo?

El pavito Snow paseando con los cerdos en El Hogar Animal Sanctuary.

Antes de comenzar debemos ser conscientes de que, incluso si es poca carne, esta proviene de la muerte evitable e innecesaria de un ser sintiente y que en muchos casos ha tenido una vida corta en condiciones terribles (oscuridad, suciedad, miedo, violencia y soledad) con el único objetivo de que alguien saciara su placer degustativo. También es importante conocer lo que afirmó la ADA (American Dietetic Association – Craig & Mangels) en 2010: «las dietas vegetarianas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluidos el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia, así como para deportistas» por lo que en nuestro contexto occidental encaja y es totalmente compatible.

Raciones recomendadas

Para aclarar, lo que denominamos carne es el tejido muscular de un animal que se ha matado previamente y contra su voluntad. En el caso de alimentos proteicos (que es lo que nos ocupa) se recomienda hacer 2 ingestas al día. De las 14 ingestas semanales un máximo de 2 raciones de 100g de carne roja (procedente de músculos de mamíferos) y 4 de carne (incluida roja y blanca – músculo de ave o conejo-).  La ingesta semanal máxima recomendada en adultos es, por lo tanto, de 400g de carne (20,85 Kg/año), sugiriendo eliminar por completo la carne procesada. Los autores de estas guías alimentarias son conscientes de los hábitos de consumo, por lo que recomiendan a la población general aumentar el consumo de legumbres y reducir el de carne (Fig. 1 – Agència de Salut Pública de Catalunya, 2019).


La recomendación de consumir hasta 400g de un mamífero o un ave puede resultar chocante para muchos, ya que implica por ejemplo comer un pollo al mes (en peso promedio). Que se considere adecuado comerse varias raciones del cuerpo de un ser sintiente a la semana debe disgustar a todo defensor y simpatizante de los animales. A muchas personas las medidas reduccionistas de consumo animal les parecen incluso exageradas. «¿Cómo vamos a dejar de comer carne en cada comida, si ya apenas comemos carne?» Más allá de las cantidades semanales recomendadas la realidad a la que nos enfrentamos es mucho peor.

Consumo de animales

Según las estadísticas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) los españoles consumieron en 2018 la terrorífica cifra de 52,29Kg de carne y 26,97kg de pescado —peces— por habitante (MAPA, 2019). Como se puede ver en la Tabla 1 está lejos de la «saludable» recomendación de 400g de carne a la semana (y otros tantos de peces). Los españoles consumen 2,5 veces más carne del máximo recomendable, ya no hablamos del consumo de carne roja y procesada (222g frente a los 0 sugeridos (consumo doméstico) sobre los que pesa una alerta sanitaria de la OMS (IARC, 2018).

Dado que esta encuesta pretende representar a toda la población, en promedio entendemos que habrá una parte de la población que consuma muchísimo menos (veganas y vegetarianas, por ejemplo) y gente que consuma bastante más. Parece claro que no se consume poca carne, sin embargo, hay una gran parte de la población que sigue insistiendo en que come poca. Todos tenemos una persona conocida, amiga o familiar que tras declarar que «casi no come nada de carne» se come una pizza con beicon sin ser consciente de que eso es carne o se pide el pan con tomate añadiéndole jamón de forma automática. La desconexión que hay en nuestra sociedad entre el plato de comida y el origen de este es el mayor problema al que nos enfrentamos a la hora de reducir y eliminar el consumo de cuerpos muertos de animales no humanos y sus derivados.

Pero, ¿qué implica que haya este tipo de consumo en nuestra sociedad? ¿cuál es la consecuencia directa de haber exportado este tipo de demanda a otros países? y ¿quiénes son finalmente los perjudicados de esta orgía de productos cárnicos?

La cerdita Ahimsa, en El Hogar Animal Sanctuary.

Si diéramos una respuesta fácil a estas preguntas sería: más muertes; en concreto más muertes de animales, junto con todas las consecuencias negativas para el medio ambiente y las personas humanas. Lo cierto es que al ser humano se le da muy bien eso de hacer las cosas mal. En pos del enriquecimiento de unos pocos, y la gula de muchos, se importan oleaginosas (el 93% de fuera de la UE sobre todo Argentina, Brasil o EEUU, siendo el 83% haba de soja –García, 2006– ¿os suenan los incendios del Amazonas? Se contaminan acuíferos (45% de los municipios catalanes están en zonas declaradas como vulnerables a la contaminación por nitratos de origen agrícola –Agència Catalana de l’Aigua, 2019– y se matan a cientos de miles de animales cada año.

Entre 2004 y 2018 el número de animales sacrificados para el mantenimiento de este sistema aumentó un 4% (MAPA, 2004-2019), lo que implicó la muerte dentro de nuestras fronteras de más de 897.675.379 animales en 2018 –sin contar los que mueren cada día en las granjas,  las enfermedades no curadas ya que para los empresarios son «stock defectuoso» o las muertes causadas por una caída de los precios–. Este número tan desorbitado se entiende mejor de otra forma: en el tiempo que se puede tardar en leer este artículo -unos 7 minutos, aproximadamente- han muerto 34 vacas y terneras, 184 ovejas y corderas, 19 cabras, 614 cerdas y cochinillas, 1 yegua, 10.188 gallinas, pollos, pavas y patas, y 764 conejas, según el promedio de sacrificio de los últimos 15 años que informa MAPA (2004-2019). El dato en femenino se corresponde a la cosificación que también se aplica en las hembras no humanas, a quienes explotan durante unos pocos años hasta que sus desgastados cuerpos no pueden rendir al ritmo que les marcan sus propietarios para soportar todo un embarazo, parir y producir leche o huevos.

Viendo la variedad de animales que se mata está claro que «comer de todo» supone matar contra su voluntad a seres que sufren, —como nosotros, los humanos— porque si sometemos las fuentes de proteína vegetal al mismo escrutinio la realidad es otra.

Vacas y cerdos conviviendo juntos en El Hogar Animal Sanctuary.


Consumo de Alternativas vegetales

¿Cuáles son las fuentes de proteínas vegetales? Siendo muy simplistas hasta la hierba las contiene, y muchos animales herbívoros son de gran constitución y fortaleza alimentándose solo de ellas. Pero vamos a considerar fuentes realistas como las semillas —legumbres, frutos secos, cereales, pseudocereales y otras semillas, Fig 2. — ya que son nutricionalmente más densas. Estas semillas pueden tener como macronutriente de reserva los carbohidratos (cereales), proteínas (legumbres – Grande, 2017) o cuerpos grasos (frutos secos y semillas) —todo esto explicado a muy grosso modo—.

A nadie se le escapa que no consumimos pocos cereales (excepto ciertas corrientes dietéticas como paleos y lowcarbs), por lo que los nutrientes que nos pudiesen aportar no nos deberían preocupar. Una excepción es la fibra, por ello se recomienda tomar los cereales en su forma integral (Agència de Salut Pública de Catalunya, 2019).

El caso de las legumbres es el que más nos importa ya que se recomienda comer mínimo 3-4 raciones a la semana que son unos 70g/ración en seco (175g cocidas – Agència de Salut Pública de Catalunya, 2019). Consumiendo el mínimo recomendable, deberían tomarse 525g por semana, sin embargo, según datos del MAPA en 2018 el consumo fue de 61g por semana —aproximadamente la mitad cocida y la mitad se compra cruda, por lo que serían unos 105g de legumbre cocida a la semana—. Para el pensamiento de «seguimos comiendo carne porque es tradición» o «se ha hecho siempre» hemos de mencionar que cada región del estado español tiene un plato típico con legumbres y que en los años 60 del siglo pasado se comían 41g de legumbre al día (unos 700g cocidos por semana (Moreiras y col. 1995).

Contra lo que se quiere pensar es posible que no se coma de todo en este país, del mismo modo que no es verdad que se coma poca carne. ¿Puede que el precio sea un impedimento para reducir de verdad el consumo de carne? No. Las materias primas de proteína vegetal tienen un precio imbatible.  Como calcula la Dra. Martínez Biarge (mipediatravegetariana.com) en su página web el precio por gramo de proteína es inferior a 0,03€ en la mayoría de las fuentes vegetales, que no pasan de 0,05€ (no incluye marcas como Heüra o Quorn), mientras que las animales están por encima de 0.03€. Si consideramos que la población española se ha gastado en 2018 en promedio 503€ en comprar carne y pescado de consumo doméstico (Tabla 2; MAPA 2019) ¿cuánto se podrían ahorrar las familias comprando legumbres que están 3 e incluso 4 veces más baratas (frente a la carne y el pescado -peces- respectivamente)?

El propósito de este artículo es invitar a reflexionar de que no comemos poca carne. Nos dejamos el sueldo y la salud en consumir algo que arrasa de forma directa con casi 900 millones de vidas al año solo en España —90 mil millones en todo el mundo—. ¿Cuántos seres sintientes morirían si redujesen al máximo el consumo de las recomendaciones sanitarias? Obviamente muchos menos, concretamente un 60% menos en aves y mamíferos (de 1002g a 400g).

¿Y qué seguiría suponiendo para ese 40% de animales que morirían cuando para una adecuada y equilibrada alimentación podemos obtener esos nutrientes necesarios en alternativas vegetales? Tan importante es nuestra salud como nuestra conducta ética, de tal manera que nuestros hábitos no afecten negativamente a quienes pretendemos respetar.

La pavita Julia, paseando con la vaca Clara, en El Hogar Animal Sanctuary.

 

FUENTES:

Agència Catalana de l’Aigua (2019). Zones vulnerables a la contaminació per nitrats procedents de fonts
agràries.

Agència de Salut Pública de Catalunya (2019). Pequeños cambios para comer mejor. Barcelona.
Disponible en: salutpublica.gencat.cat

Craig, W. J., & Mangels, A. R. (2010). Postura de la Asociación Americana de Dietética:
dietas vegetarianas. Actividad dietética, 14(1), 10-26

García, F. (2006). Cuando la ganadería española se come el mundo.
Colección Soberanía Alimentaria Colección Soberanía Alimentaria De Veterinarios Sin Fronteras. Vol. 6.

Grande, F., Stadlmayr, B., Fialon, M., Dahdouh, S., Rittenschober, D., Longvah, T. & Charrondiere,
U.R. (2017). FAO/INFOODS Global food composition database for pulses. Version 1.0 – uPulses 1.0.
Rome, FAO.

IARC Working Group on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Humans. (2018).
IARC monographs on the evaluation of carcinogenic risks to humans: Red Meat and Processed Meat,
volume 114. Lyon: International Agency for Research on Cancer, II. Series

La Vanguardia (2016) Noticia sobre el almacenaje de cadáveres de cerdos junto a una granja:
Disponible en : lavanguardia.com

MAPA (2004-2019) Estadística de producciones ganaderas 2004 -2019.
Subsecretaría De Agricultura, Pesca Y Alimentación. Disponibles en: mapa.gob.es

MAPA (2019). Informe Del Consumo Alimentario En España 2018. Ministerio de Agricultura,
Pesca y Alimentación. Disponibles en: mapa.gob.es

Moreiras, O., Carbajal, A., Campo, M., & Varela, G. (1995).  Estudio Nacional De Nutrición
Y Alimentación, 1991 (ENNA-3).

Real Decreto 45/2019, de 8 de febrero, por el que se establecen las normas zootécnicas aplicables
a los animales reproductores de raza pura, porcinos reproductores híbridos y su material reproductivo

Web de Catalogue of life. Consultada el 16/01/2020. Disponible en : catalogueoflife.org

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