PEQUEÑAS PERSONAS VEGANAS

Cuando una niña o niño, menor de edad, en el seno de una familia «que come de todo» se revela contra la explotación animal, y quiere demostrarlo dejando de comer animales, se produce a menudo un conflicto con el resto de la familia. Ya se ha hablado mucho de la alimentación de adolescentes con una dieta vegetariana estricta en familias veganas. Desde aquí queremos abordar cómo tratar a los menores que deciden no alimentarse de animales en una familia que sigue una tradicional dieta omnívora.

Román y Julià, con su madre Daniela Calcagno, co-propietaria de la pastelería vegana «La Besnéta» de Barcelona

 

En nuestra sociedad damos por hecho que valores como empatía, solidaridad y compasión son buenos. No obstante, cuando una niña quiere expandir estos valores al resto de animales -los humanos también somos animales- se encuentra con que esos valores se desvanecen. Recibe prohibiciones, burlas, imposiciones, rechazo y desinformación, lo que puede crear una brecha más o menos grande con el resto de la familia. No querer hacer daño a los animales no humanos no debería significar entrar en conflicto en el entorno familiar y mucho menos a esa edad. Para evitar situaciones desagradables queremos dar algunos consejos y sugerencias a los familiares no veganos para que la convivencia con el menor que quiere dejar de consumir animales y sus derivados no se resienta.

 

  1. No menosprecies sus preocupaciones: Dejar de comer animales por empatía con los animales explotados –y por tanto maltratados- y para proteger el planeta en el que todas vivimos, son razones absolutamente legítimas y demuestran empatía y solidaridad. Hay que incentivar estas cualidades en los niños y jóvenes (el género femenino ya es socializado desde pequeñas para adquirirlas), y lo que no se puede bajo ninguna circunstancia es ridiculizarlos por sentir apego o preocupación por otros seres sintientes. Comentarios como » Ahora nos negamos también a comer tal cosa», » Solo es una fase» o «No me vengas con eso otra vez”, “hasta que tengas 18 comerás lo que yo diga” (y un largo etc.) solo harán sentir a la pequeña que lo que siente no es legítimo o molesta. Se debe ser consecuente con los valores que impartidos, o que se pretenden impartir, y si los desarrollan más allá de lo que se esperaba es para sentirse orgullosas de ellas. Se han dado cuenta de que provocan daño y quieren dejar de hacerlo, es para felicitarles no castigarles.

       Román disfrutando de un delicioso quiché de verduras        

 

  1. No pongas edad a la capacidad de tener compasión: Si a una niña de 10 u 11 años se le obliga a seguir consumiendo animales hasta que sea mayor de edad, es muy probable que en poco tiempo se niegue en rotundo a hacerlo (lo que desembocará en un conflicto futuro), por otro lado, se le da a entender que sus inquietudes solo serán válidas a partir de un momento determinado. Creer que hasta los 17 años 11 meses y 29 días sus acciones e ideas no tienen valor le puede llevar a pensar que como individuo carece de él. Muchas veces estos límites surgen para que la menor esté segura de que quiere hacerlo y no se trata solo de una fase. Ya que el dejar de alimentarse de productos animales es de las decisiones más reversibles que hay, se le debe permitir al menos empezar, que se arrepienta o reafirme y lo que surja. Si solo es una fase volverá a alimentarse como antes, si no lo es, al menos habrá tenido la oportunidad de sentirse realizada estando apoyada por su familia.

 

  1. Reconoce tus limitaciones y compártelas: Nadie nace sabiendo, es normal que el cambio asuste sobre todo cuando involucra a alguien que queremos. Las principales asociaciones nutricionistas del mundo como la de Canadá, EEUU, Argentina, Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, incluso la de España –la Generalitat de Catalunya, por ejemplo, tiene en su página de salud menciones sobre la dieta vegetariana estricta como apta y saludable- junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS) avalan una alimentación 100% vegetal en cualquier etapa de la vida, incluido el embarazo. Una hija, sobre todo adolescente, encajará mejor que sus padres no sepan sobre un tema concreto a que le prohíban llevar a cabo algo que para ella es importante, una prioridad por necesidad moral. Es preferible compartir con el menor las dudas que se tengan, ir juntos al médico a pedir análisis, consultar sobre la b12 o la visita a una nutricionista que haya estudiado sobre nutrición vegetariana -estricta- y no dejar que la visión personal de otra profesional menosprecie la ética de tu hija.

A Román le encanta prepararse la comida

 

  1. Reparte obligaciones: Las personas jóvenes hoy en día se mueven muy bien para buscar nuevas recetas e ingredientes. Si es suficientemente mayor se le debe permitir preparar la comida o cena de toda la familia algunos días de la semana, o preparar conjuntamente recetas a las que se les pueda añadir la proteína después y cocinar la parte común juntas. Puede preparar la lista de la compra o al menos escoger qué productos prefiere comprar. Permitirle ser responsable de su propio cuidado, y darle autonomía en la cocina, es la mejor forma de que lleve una alimentación basada en vegetales sana y variada, además de sentirse respetada por los suyos.

 

  1. Hazle saber en qué mundo vive y que no es culpa suya si no puede hacerlo todo bien: Aunque consigamos que nuestra casa sea un lugar seguro para que un hijo desarrolle su vida de forma coherente a su ética, es muy normal que se enfrente en el día a día a situaciones que le pongan constantemente a prueba. Comedores escolares, fiestas infantiles, cumpleaños, eventos varios, comidas familiares, etc. Es fundamental hacerle entender que la mayoría de la sociedad no tiene su misma ética y que por lo tanto es probable que no pueda comer muchas cosas cuando salga de casa, pero juntos se puede preparar snacks saludables aptos para veganos y que así no tenga que recurrir a mirar etiquetas, que cuente con la ayuda familiar para confeccionar una lista de cosas que pueda tomar y que le sea más fácil explicárselo a otros adultos. Sobre todo, que sepa que no necesita llegar a la perfección, que ya está haciendo mucho y que si algún día sin saberlo come algún producto de origen animal no debe martirizarse.

 

  1. Entiende que para ella quererte puede ser difícil. Suena duro, pero es así, para una hija la figura materna es muy importante y cuando estas hacen algo que atenta contra la moral propia es un shock. ¿Cómo puedes querer a alguien que hace que se sigan matando billones de animales no humanos? ¿Cómo puedes disfrutar de una cena familiar si hay un animal muerto en la mesa? Estas preguntas son muy difíciles de contestar, sobre todo cuando eres joven, porque en cierto momento todo parece blanco o negro, bueno o malo. Se debe tratar de hablar con el menor, explicarle que las personas somos complejas, que entendiendo su punto de vista cada uno tiene sus tiempos. Es imprescindible que las comidas familiares que se quieren que sean recordadas con cariño sean más vegan-friendly.

 

  1. Defiende su postura frente al resto de la familia/círculo: Todas las personas veganas hemos tenido que pasar por una conversación donde explicar nuestra motivación, de donde obtenemos las proteínas y qué haríamos en una isla desierta. Si muchas veces estas charlas pueden volverse tensas e incómodas para los adultos, imaginemos cómo debe pasarlas una niña. La mofa, burla y hostigamiento por parte de adultos de una cuestión, que ella siente como justa aunque no sea capaz aún de expresarla razonadamente, es cruel e innecesaria. Si en una comida familiar, un viaje o simplemente estando con otras personas mayores, empieza esa dinámica y sobrepasa a la menor, hay que ayudarla, sugerir un cambio de tema o directamente expresar sus inquietudes de la forma más seria posible, al nivel de adultos. Si algún individuo, familiar o no, continúa con ese rol inquisitorio se le debe hacer comprender y explicarle que su comportamiento no es aceptable.

                                                                                           

Damián es un niño de Valencia, seguidor de El Hogar, que se hizo vegano con 9 años y que, como se puede comprobar, no se priva de nada.

 

  1. Cuidaos mutuamente: Hay que considerar siempre que tener una hija que tenga esas motivaciones es una ventaja, estará más abierta a empatizar con sus padres cuando necesiten ayuda, a querer cuidarlos y preocuparse por su bienestar. Sin embargo, para ello se debe conseguir empatizar con la menor ahora, cuidarla siempre (emocional y físicamente) y que sienta en todo momento que existe la preocupación por su bienestar. Hay que preguntarle por sus motivaciones sin caer en un 3º grado, y que de poco sirve que ella no coma animales si la nevera está llena de ellos. Es muy positivo que los padres la acompañen a comprar libros sobre el tema o a escuchar charlas. Los niños también quieren cuidar a sus padres, cuando los aconsejan sobre alimentación no hay que dar por hecho que lo hacen solo para volverlos veganos, puede que solo quieran que duren más años a su lado, y si tratan de invitarlos un día a un restaurante vegano no les tienen que poner mala cara. Es muy frustrante para una hija tratar de tener un detalle con quienes le cuidan a diario y que esta sea menospreciada y rechazada.

 

Es muy difícil hacerlo todo bien, pero si tratamos de respetar a nuestras hijas e hijos como las personas adultas que queremos que un día lleguen a ser estaremos cimentando una relación sana que no se acabará cuando dejemos de pagarles la carrera.

Román, celebrando su primer cumpleaños con una tarta vegana
de vainilla con crema mascarpone, para chuparse los dedos.

 

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