Luna, y el drama de la vejez

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La injusticia y el drama del abandono es un producto más de esta sociedad especista donde el resto de animales son considerados propiedades al servicio del ser humano.

Millones de perros, gatos y otros animales destinados a servir como “mascotas” son criados y adquiridos con la finalidad de procurar satisfacción a sus “dueños”, sin tener en cuenta que ellos, al igual que nosotros y el resto de animales, son individuos conscientes de su vida que cuentan con sentimientos y personalidad propia y requieren atenciones en función de sus características y necesidades específicas.

No es de extrañar, por tanto, que el animal no responda a las expectativas creadas y sea desechado para no asumir la responsabilidad y el esfuerzo que supone su cuidado.

En algunos casos, las víctimas del abandono son individuos jóvenes que al crecer dejan de ser esos cachorros adorables con los que jugar o entretener a los pequeños de la casa, pero en otras ocasiones, son animales maduros o incluso ancianos, que han vivido en el hogar toda su vida. Cuando la edad hace mella en su salud y sufren de diversas dolencias y enfermedades (incontinencia, artrosis, cáncer, cataratas…), justo en el momento en que están más necesitados de cariño y cuidados, esos humanos a quienes consideran su familia, deciden “deshacerse” de ellos condenándoles a un destino fatal, ya sea ingresados en perreras donde serán asesinados tras una breve estancia en una jaula o viviendo sus últimos días en las calles, solos, asustados y expuestos a hambre, frío y todo tipo de peligros.

Mención aparte merecen aquellos casos en los que por hospitalización o internamiento en un centro asistencial del humano a cargo de un animal, éste pasa a manos del estado quien determinará su ingreso en las instalaciones de la perrera de turno. Así, contra la voluntad de ambos, humano y no humano, se separan familias destrozando sin miramientos los lazos que les han unido durante años de convivencia. Porque no hay lugar para los animales en una sociedad que les impide acompañarnos en nuestra estancia en centros hospitalarios y residenciales.

Este fue el drama al que se vio abocada Luna cuando su única compañera humana, ya anciana, cayó enferma y hubo de ser internada de forma indefinida. La arrancaron de sus brazos poniendo fin abruptamente a toda una vida de convivencia. Luna se vio privada de pronto de todo lo que conocía y amaba, su hogar, su pequeña familia de dos, su mundo entero construido tras trece largos años de complicidad y cariño recíproco. Triste, aterrada, confusa, sin poder comprender lo que estaba ocurriendo, le esperaba la fría jaula de la perrera de la que con toda probabilidad no saldría jamás.

Pero el destino no quiso que ese fuera su final y encendió para ella una luz de esperanza que iluminaría el camino de su nueva vida.

Luna es una perra anciana de trece años, extremadamente dulce y amorosa, llena de vitalidad pese a su avanzada edad y con una mirada profunda y transparente que habla por sí sola y emociona a quien la recibe. Ahora ya descansa bajo el amparo de El Hogar y aquí buscamos para ella esa familia que le devolverá la alegría y la ilusión en sus últimos años y curará las heridas que la traumática experiencia vivida dejó en su pequeño corazón.

Nadie debería ser sacado de su hogar y separado forzosamente de sus seres queridos sea cual sea su especie. Los animales necesitan ver reconocidos sus derechos como individuos y nos necesitan a nosotros para ser su voz en esta lucha.

Bienvenida Luna, terminó la pesadilla. En tu nuevo hogar, te espera el amor, el respeto y la protección que mereces para que te sientas feliz y segura hasta el final de tus días.

Siquieres apadrinar a Luna y formar parte de su vida, escríbenos a: [email protected]

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