La matanza de un inocente

inocente

La matanza del cerdo es una tradición habitual que se realiza una vez al año, generalmente en invierno.
Se trata del sacrificio de uno o varios cerdos para aprovechar su carne como alimento para la familia.

Es una actividad que ocurre en muchos países europeos y suele estar rodeada de un ambiente festivo y de diversión social.
Esta celebración comienza con la adquisición de un pequeño cerdito en algún mercado local de ganado, donde lleva todo el día esperando en un pequeño redil que comparte con sus hermanos.
Durante 10 meses este pequeño será alimentado con la única intención de engordarlo lo máximo posible para el día de su sacrificio.

Dependiendo de su “suerte” vivirá lo que le reste de vida en una pocilga diminuta, como si viviera en un régimen de inmovilización.
En la mayoría de los casos, saldrá fuera solo mientras se le limpia la pocilga.

La matanza, generalmente celebrada en diciembre o enero, durará dos o tres días.
Primero se convoca una reunión donde se decide cuándo será el último día de vida del cerdo y se afilan los instrumentos.

La matanza empieza recién sale el sol.
Se fuerza al cerdo a salir de la pocilga ya que este percibe su triste final y se niega a ello.
A veces, en su desesperación por sobrevivir muerde a alguno de los participantes o llega a tirarlos al suelo, lo cual despierta múltiples insultos de desprecio hacia el pobre animal que solo quiere que le dejen tranquilo, volver a su pequeña cárcel y proteger su vida.
Una vez han conseguido sacarlo, el matarife se acerca al cerdo y le engancha en la mandíbula un gancho con el que lo arrastra hasta el banco de madera donde otros participantes lo inmovilizan con cuerdas.
El cerdo inmovilizado se rinde frente a sus desalmados captores y llega el triste final.
Se le clava el cuchillo en la arteria carótida y se espera que se desangre durante unos agónicos minutos de convulsiones y sus últimos intentos por sobrevivir.
Los chillidos de dolor y pánico del cerdo se pueden oír durante todo el proceso a varios kilómetros de distancia.

Otro inocente, único e irrepetible, se va de este mundo para siempre.
Otra pérdida irrecuperable.
Además, muchos son los niños que están presentes en este macabro espectáculo y son los encargados de recoger la sangre en los cubos y removerla para que no se cuaje.

Algunos de ellos no pueden soportar este espectáculo, los demás son adoctrinados en una falta de empatía total hacia el resto de los animales.

Todos los animales queremos vivir nuestras vidas.
Considera adoptar un estilo de vida vegan.

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