Hasta siempre, Coqueta

Las gallinas destinadas a la industria del huevo han sido seleccionadas genéticamente para aumentar lo que en las granjas llaman “series de puesta” y reducir los tiempos de pausa entre una serie y otra. Además, se fuerza su naturaleza utilizando hormonas y ciclos de luz artificial para acelerar su metabolismo. Esto provoca que las gallinas estén ovulando continuamente y poniendo huevos sin descanso con el dolor y el deterioro que esto supone para sus frágiles cuerpos.
A menudo se producen atascos del huevo en el oviducto con infecciones muy dolorosas y prolapsos que en muchos casos terminan con el fallecimiento del ave.

Puedes rescatarlas, liberarlas de sus jaulas, devolverles la vida y la dignidad, alimentarlas, cuidarlas y quererlas hasta que sus plumas vuelvan a crecer y resplandezcan al sol, darles arena y hierba para correr y cien motivos para cacarear de alegría. Pero la mayoría seguirán arrastrando las secuelas de la explotación que convirtió sus cuerpos en una máquina para la industria y en una trampa para ellas mismas.

Coqueta ha sido la última en dejarnos. Vivió feliz y libre y pudo conocer las estaciones, la textura de la tierra tras la lluvia, el sabor de la fruta fresca y la voz amorosa de la gente que la cuidó. Pero su cuerpo se agotó y no pudo superar la infección. Ella representa a los millones de gallinas que malviven, utilizadas como máquinas para la venta de un producto del que podemos prescindir.

Hasta siempre, Coqueta.

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