Madrinas: Araceli y María del Pilar

Padrino: Guillem

Fecha de nacimiento: 1 de agosto de 2012

Zai era un bebé pequeño de color rosado gestado en el vientre de una madre probablemente forzada a traer al mundo a muchos más como ella…

Cuando sus explotadores la vieron por primera vez, supieron que su encanto infantil inspiraría la simpatía y la ternura de muchas personas, lo que se traduciría en sustanciosas ganancias para ellos.

Separada de su familia con pocas semanas de edad, a Zai le esperaba el frío asfalto de la ciudad como lecho y los brazos de quienes la oprimían como único refugio porque su destino era ser utilizada como reclamo en el ejercicio de la mendicidad.

Y eran muchos los viandantes que se detenían conmovidos al verla y realizaban su donativo en la bienintencionada creencia de que esa aportación garantizaba el bienestar de la pequeña. Ellos no sabían que con su gesto no hacían sino perpetuar su condena.

Zai era exhibida en la vía pública durante jornadas interminables y alimentada con desperdicios de escaso valor nutricional que le hacían ganar peso de forma desmesurada, perjudicando su normal desarrollo y poniendo en riesgo su salud. Pero, cuando naces para ser usado, tu vida y tus intereses poco importan, pues no eres nada más que un mero instrumento que otros manejan en su beneficio.

En el futuro de Zai se adivinaban los peores presagios porque, con el tiempo, crecería perdiendo ese atractivo característico de los bebés y dejaría de movilizar la compasión y la generosidad económica de la gente. Entonces, ya no resultaría útil, ni rentable, por lo que sus explotadores decidirían deshacerse de ella y, quién sabe, quizá convertirla en parte de su menú.

Zai es una cerda vietnamita y su historia es la historia de muchos animales que están siendo explotados en este mismo momento, en nuestros pueblos y ciudades, por individuos o mafias organizadas que hacen de la mendicidad su particular negocio a costa de utilizar bebés de cualquier especie como señuelo.

Por fortuna para Zai, en su camino se cruzaron algunos humanos conscientes de su situación que decidieron luchar hasta el final por su liberación.

Ahora corre, salta y juega con alegría y despreocupación. Ahora disfruta de una alimentación sana y equilibrada y recibe cuidados y atención veterinaria. Ahora tiene una familia que la quiere y respeta y un Hogar confortable en el que crecer segura y feliz, donde sus compañeros humanos la llaman cariñosamente «La Gordi Preciosi».

Zai se ha convertido con el paso del tiempo en una de las habitantes más entrañables, protagonista de numerosas escenas que han arrancado una sonrisa a todos aquellos que las han vivido en directo, o las han visto a través de las redes sociales. Sus siestas junto a Amadeo, con el que ha crecido en El Hogar ya que ambos llegaron casi a la vez siendo unos bebés, sus juegos con la manguera o los cariñosos besos que generosamente reparte a la menor oportunidad entre sus grandes amigos, humanos y no humanos, forman parte ya de la historia más tierna de El Hogar Animal Sanctuary.

Porque todos los animales merecen ser tenidos en cuenta como individuos, porque son alguien, porque tienen derechos; porque tú quieres ayudarles, rechaza su explotación.