Padrinos: Francisco Javier y Sergio

Fecha de nacimiento: 22 de noviembre de 2007

Potter es un cerdo vietnamita al que le costó encontrar la felicidad…

Potter fue víctima de las modas mascotistas que proliferan cada día más. Esto no quiere decir que las personas que hayan adquirido un animal en estas condiciones pretendan hacerle daño, pero en muchos casos están mal informadas. Los animales tienen sus propios hábitats y, mientras sea posible que residan en los mismos, mientras esos hábitats existan, lo mejor es no extraerlos de los mismos. En el caso de que la situación requiriese hacerlo, mejor no comprarlos nunca, para no contribuir a la comercialización de los mismos y, sobre todo, informarse mucho y muy bien acerca de las condiciones de vida, necesidades, enfermedades, alimentación, etc., que cada individuo necesita, porque de todo eso dependerá su felicidad e incluso su supervivencia.

Potter fue un cerdo muy querido. Su responsable habilitó todo un garaje para él, para que tuviese espacio para moverse y jugar, y se ocupó de él dándole cariño, comida, atención sanitaria… Pero, a medida que Potter crecía, se hizo patente que eso no iba a ser suficiente. La fisonomía de sus pezuñas, sumada a su peso, provocó que comenzase a resbalar en el cemento, y Potter pronto tuvo miedo de caminar. Ante esto, su responsable decidió mudarse para proporcionar al pequeño un jardín en el que correr sin temor a resbalar.

Una vez se mudaron de casa, el problema de Potter no pareció mejorar. Quizá el jardín se le hacía pequeño, quizá no había suficiente enriquecimiento ambiental, quizá la tierra no daba cosas ricas entre las que poder hozar… el caso es que Potter no parecía feliz, y su responsable tampoco lo era. Así que, en busca de la felicidad de Potter, contactó con El Hogar Animal Sanctuary y, después de estudiar la situación, organizamos el viaje para que el cerdo vietnamita pasase a formar parte de nuestra gran familia.

Los primeros días nos encontramos con un Potter huraño y gruñón. Quizá añoraba su casa, a su compañero humano… o no entendía por qué había tantos animales a su alrededor, antes no había conocido tanta familia. Pero poco a poco se ha ido integrando y ahora nadie puede negar que sea un adorable cerdo feliz: adora darse baños de barro, hociquear en la tierra y que los voluntarios le rasquen las orejas. Potter ya es feliz.