Madrina: Anna

    Cuando hacía una semana que estábamos en pleno confinamiento, debido al estado de alarma decretado por el coronavirus, una chica salió a tirar la basura y vio en el hueco de un árbol a un polluelo que, seguramente, se había caído de un nido.

    En cuanto lo cogió para ver cómo estaba, él empezó a piar y piar, a chillar muchísimo, cada vez más fuerte… y por eso le puso de nombre Pío. Para los pichones piar es una forma de comunicarse, de expresar que tienen hambre, miedo o reclamar a su madre. Se llevó al bebé a casa y contactó con la asociación Mis Amigas Las Palomas que le asesoraron sobre la crianza hasta que pudiera valerse por sí mismo.

    Su rescatadora empezó a darle papilla cada cuatro horas, después pasó a darle sólido (garbanzos, guisantes, maíz) alternado con sonda. Con el dedo iba siguiendo las semillas para que aprendiera a picotear la comida. Pío paseaba por toda la casa hasta que empezó a volar y descubrió que le encantaba posarse en los hombros y las cabezas humanas. También adoraba darse baños en un barreño con agua.

    Pío creció feliz y el vínculo que creó con su mamá humana es para siempre. Él sabe que hubo una persona especial que no miró hacia otro lado, que le acogió, alimentó y cuidó hasta su llegada al santuario. Ahora vive con otros habitantes de su especie y comparte vuelos con sus nuevas amigas en el aviario de El Hogar Animal Sanctuary.

    Si tú también eres una apasionada de las palomas, puedes amadrinar a Pío escribiéndonos a [email protected]