Padrino: Pedro

Fecha de nacimiento: 1 de diciembre de 2010

Jana era sólo un bebé cuando llegó al santuario, junto a su madre.

Su historia comienza de manera muy similar a la de tantas otras cabras aunque, a decir verdad, ella fue más afortunada pues pudo escapar del destino fatal del que suelen ser víctimas la mayoría de bebés de su especie.

Jana fue rescatada junto a su madre Elenita y junto a otro bebé, un cordero llamado Noel. Faltaba poco para las navidades, por lo que, de no haber sido rescatados, ella y Noel seguramente habrían acabado en el matadero y su cuerpo servido en alguna mesa, como parte de algún banquete navideño.
En el momento del rescate, Elenita estaba preñada de dos bebés más. 
Todos en el santuario teníamos la ilusión de que esta pequeña familia pudiera comenzar una nueva vida juntos, pero no pudo ser. Elenita había sido explotada toda su vida y su salud estaba muy resentida. Pocos días después de llegar al santuario falleció. Nada pudimos hacer por ella, ni por los dos bebés que llevaba dentro.

Jana sufrió mucho al perder a su madre.  Sin embargo, gracias al apoyo de habitantes y voluntarios, fue superando su tristeza y acostumbrándose a la vida en el santuario. 

Pronto hizo buenas migas con otras cabras que vivían en el santuario, como Guillem y Dulcinea, con quienes creció compartiendo aventuras, juegos y siestas.

Jana ha crecido ante nuestros ojos y se ha convertido en una preciosa cabra vivaz, saltarina y juguetona. Le encanta recorrer el santuario buscanco algo para comer. Cuando el calor aprieta, a Jana le encanta tumbarse bajo algún árbol especialmente si puede improvisar una cama sobre un montón de heno, su comida favorita. Así huye ella de los calores veraniegos, puede pasarse horas mascando heno bajo una sombra y no le importa estar sola, pues es bastante independiente. 
Pero cuando llega el otoño y las noches se vuelven frías, es habitual verla buscar cobijo en el porche, disfrutando también de la compañía de ovejas, cabras y cerdos y dándose abrigo mutuo.

Al rescatar a Jana y a su madre, pudimos ser testigos del enorme vínculo que une a madres e hijas de otras especies. Fue muy triste perder a Elenita tan pronto, pero esta desgracia nos hizo aprender mucho de los habitantes del santuario. Vimos cómo se volcaban con la pequeña huérfana, como consiguieron que ella entendiese que tenía una familia, aunque su madre ya no estuviese.

La última prueba de ello, la tuvimos durante el cambio de santuario. Jana fue la última del rebaño de El Hogar en llegar a Tarragona. Había estado separada de otros miembros, como Guillem, unos dos meses, y ver cómo se reencontraron en el nuevo santuario fue muy especial. 
Hoy disfruta de su nueva vida, descubriendo los rincones del que será su hogar para siempre.