La vida es dura en la ciudad cuando eres una palomita, las palomas son increíblemente valientes, con sus cuerpitos pequeños pelean como nadie y sobreviven en la ciudad en medio de las peores condiciones, gente que las mira mal y coches que pasan a su lado sin frenar, muchas de ellas sobreviven sin una de sus patitas o sin las dos, cuando ves a alguien tan valiente en un cuerpito tan pequeño no puedes más que sentir admiración. Siempre es un honor conocer a una palomita.

Cuesta entender tanta injusticia, con alguien que solo intenta sobrevivir y nunca ha pensado en lastimar. Nosotros en cambio, hemos reducido el lugar donde viven a pequeños parques y a medianas entre las carreteras de la ciudad, hemos creado empresas que se dedican a exterminarlas, utilizando la palabra plaga con la vida y poniendo pinchos en las ventanas para que no puedan ni tan siquiera descansar.

Con plenas facultades la vida ya es dura de por si para una paloma en la ciudad, pero cuando ocurren accidentes, golpes de coches, o alguna enfermedad, las palomas quedan totalmente desprotegidas, una paloma a ras de suelo, que no pueda volar, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir, en estas situaciones dependen completamente de quien sabe ver la vida y la decide proteger y valorar, de quien no puede ni quiere mirar para otro lado. Así llegan las palomas a El Hogar, golpes, palomitas acurrucadas en un portal…

A David le encanta escarbar en el suelo y el aire fresco del amanecer.