Giorgio: de la basura al santuario

Basura. El diccionario de la RAE define este término entre otras cosas como “suciedad, residuo desechado, desperdicio, cosa repugnante o despreciable, de muy baja calidad”.

Esto es lo que debía ser Giorgio para quien, lo tiró a una papelera de un barrio de Jerez…
Giorgio pudo haber sido uno más de los millones de pollitos macho que cada año son asfixiados o triturados vivos por no ser rentables para la industria, ya que no pondrán huevos.
Giorgio es un bebé de gallo americano que, quizás, fue desechado por una tienda de animales, abandonado por un niño que se cansó de “su regalo de Reyes” o rechazado porque no servía para pelear debido a la deformidad de su pata (quien sabe si rotura de nacimiento o por un mal golpe).

Una chica lo encontró en una papelera al borde de la muerte asfixiado entre desperdicios humanos.

Ella no miró a otro lado, ella vio su mirada de miedo, su llamada de auxilio en silencio. Ella, le devolvió la vida. Le acogió, crió y operó intentando que el gallo pudiera hacer una vida normal.

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Y cuando pasó un año, y el gallito cantó y cantó y buscaba sol y hierba, la chica comprendió que un piso no es lugar para que viva un gallo. Ellos tienen unas necesidades diferentes a las nuestras, su felicidad depende de la libertad para elegir si correr o saltar, si bañarse en un charco o picotear la arena.

Nos llamó y lo trajo al santuario, donde cada día intentamos darle lo mejor.
Philip Wollen dijo una vez: “Descubrí que cuando sufrimos, sufrimos de igual manera. Y que en su capacidad de sufrir, un perro, es un cerdo, es un oso, es un niño…”. Y es que debería ser fácil entender que en lo fundamental, todos somos iguales al fin y al cabo. Que cuando alguien te pide auxilio, no hace falta que sea con palabras, que una mirada es un lenguaje universal, y que un corazón inocente que late aferrándose a la vida siempre es suficiente motivo para tender una mano.

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Ahora Giorgio tiene un futuro, le espera una recuperación y detrás, una vida feliz. Unas manos que le acariciarán y le harán ver que en esta vida, el horror, el sufrimiento y la agonía, no eran los únicos caminos. Descubrirá el cariño, el juego, el descanso, el amor… la vida. Descubrirá que desde luego, jamás fué basura, y que ojalá en este mundo hubieran muchas más personas como aquella que le sacó con cuidado de aquella apestosa papelera, como aquella chica que supo ver que detrás de un pollo sucio con una pata deforme, había  un alma, como aquella mujer la supo sentir, aquella mañana, dentro de esa papelera…
Si quieres ayudar a Giorgio, ayudar a que El Hogar  sea un santuario que pueda seguir haciendo rescates y ofreciendo a sus habitantes una vida mejor, hazte socio o apadrina y forma parte de esta gran familia: [email protected]

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