¿Existe la ética en la experimentación con ratones?

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Sólo en España y en los últimos años se ha experimentado con más de 663.000 ratones, 105.000 ratas, 4.300 cobayas y 1.217 hámsters. El precio de la vida de estos animales oscila desde los 12 euros hasta los 200 euros si son inmunodeficientes. El promedio son 40 euros.

Los científicos españoles defienden la experimentación con animales a pesar de no publicar resultados óptimos para la especie humana.  El 87% de las Universidades Españolas experimentan con animales sobre todo con ratas y ratones en las partes prácticas de las asignaturas que ofrecen, másters, cursillos, doctorados o investigaciones.

Los grados o especialidades en las que se experimenta con animales son, en su mayoría, las que tienen que ver con la psicología, biología, veterinaria o ciencias de la biomédicas. El 99% de estos experimentos son repetitivos y sólo se realizan para justificar becas y patrocinios.

Es importante señalar además, que el uso de animales en las facultades vulnera continuadamente la ley que defiende su sustitución por métodos alternativos. El artículo 25, relativo a la enseñanza y formación, del Convenio europeo sobre protección de los vertebrados utilizados con fines experimentales y otros fines científicos (Directiva del Consejo de la CEE 86/609, ratificado en el Estado por el Real Decreto 223/1998), indica: “los procedimientos (de experimentación animal)… sólo se permitirán si su objetivo no puede ser conseguido por métodos audiovisuales de valor comparable u otros métodos adecuados”. (Animanaturalis.org)

Resulta difícil encontrar algún parámetro no arbitrario que permita ponderar y comparar bienes aparentemente incomparables, como el bienestar de las personas y el del resto de animales. No existe a priori garantía alguna de que los efectos en la conducta o en el cuerpo humano vayan a ser equivalentes a los observados en otros seres vivos durante un experimento.

Por suerte para la defensa de los animales y los derechos de estos, existen alumnos en facultades Españolas que tienen la posibilidad de tornarse objetores/as de conciencia y no experimentar con animales, ya que considera que la experimentación en las aulas se realiza por inercia y no por necesidad. Cada vez son más los estudiantes que se niegan a realizar dichas prácticas por ética, ya que en la incoherencia de los experimentos no se tienen en cuenta ni el dolor ni los derechos de los animales que se utilizan.

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