El maltrato a los burros en España

Y cómo podemos combatirlo desde el activismo

« Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas…»

Seguramente todas recordemos este fragmento del libro “Platero y yo“, de Juan Ramón Jiménez. Es la historia de una persona humana y su relación con un burrito, Platero. El fragmento rebosa la ternura que generan estos animales entre nosotras. Y es que, cuando pensamos en los burros, no podemos sino imaginarlos con la dulzura que les caracteriza, como seres sensibles y cariñosos que son, con esos ojitos que parecen siempre sonrientes.

Sin embargo, hay una cara diferente de la moneda en el trato que le da el ser humano a estos animales en España. Muchas veces estos animales son descuidados, desatendidos y, en muchas ocasiones, acaban siendo abandonados y mueren por cansancio y desnutrición. Existen preocupantes y numerosos casos como el maltrato en belenes: se suben sobre ellos o incluso les dan golpes hasta la muerte. La explotación a la que son sometidos es grave y cruel de diversas maneras, resaltando el especismo al que son sometidos, ya sean vistos como monta, carga o decoración, sin tener en cuenta sus intereses y sentimientos.

Al ser montados en las ferias en las que son usados como si fueran atracciones, cargan con muchos kilos de peso demasiadas horas al día. Además, se añaden las vueltas sin parar que cansan afectan a su salud mental o las bajas temperaturas que soportan sin refugio en ferias navideñas. Esto les afecta a nivel físico y emocional: dolor en la espalda, en musculatura, patas y pezuñas, apatía… También en ferias son usados como mera exposición, pasando horas sin poder apenas moverse o comer apenas.

Otro gran problema es el uso como carga. Por tradición se ha continuado esta mala costumbre de utilizar a los animales como si fueran carretas. Ya sea sobre el lomo o arrastrando carros llenos de enseres, los burros llevan cargas de kilos que los sobrepasan en peso. En fiestas como la romería del Rocío son explotados y muchos mueren por el peso, el abandono o las inundaciones. Este último año murieron trece caballos, entre ellos tres mulos y un burro, tras ahogarse en el Guadalquivir al ser obligados a pasar por el río con un caudal demasiado alto. También se han registrado en estas romerías heridas y rozaduras por el uso de arneses, carros o serretas y por tirar de carros demasiado pesados.

Otro tipo de maltrato, los burros-taxi, en Mijas (Málaga), del cual el nombre ya lo dice todo. No sólo los utilizan como transporte para personas humanas, además los llenan de ornamentos innecesarios que los molestan y les provocan calor y estrés.

Por suerte, en España contamos con asociaciones que se preocupan  por el bienestar de estos preciosos animales. En Málaga y Extremadura existe el Refugio del Burrito. Estas compañeras rescatan a burritos en pésimas condiciones y les ofrecen una vida digna, llena de cuidados y cariño. También existen santuarios como El Valle Encantado, en Madrid, cuyas voluntarias rescataron a una burrita y su bebé, Dani, que fue protagonista de una campaña para ayudarle a recuperar una patita perdida a causa del abandono de sus cuidados.

Nosotras, la familia de El Hogar, rescatamos recientemente a nuestro abuelito Rubén, un burrito de veintiún años con un precioso detalle en su pelaje: un corazón oscuro. Ha pasado toda su vida siendo usado en el campo y para que los niños montasen sobre él. Llegó muy delgado, lleno de pulgas, con ojos tristes y los cascos deteriorados y deformados por sobrecrecimiento.

También sufrió malos tratos, lo cual estamos intentando curarle dándole caricias para que poco a poco se pueda deshacer de sus miedos. Ha ganado peso y su mirada se ha ido llenando de luz, ya no volverá a sufrir, pues en su Hogar será feliz todo el resto que su vida. Cada día sigue a Elena, su mamá, desde la mañana ¡y es muy parlanchín!

Nuestra herramienta para detener este maltrato tan común en este país es el activismo. Ayudar a protectoras y santuarios, avisar de señales de maltrato para rescatar y ayudar cuanto antes, concienciar a la sociedad sobre las nefastas consecuencias que implica utilizar a los animales… así cómo enseñar la sensibilidad y calidez que guardan los corazones de estos preciosos seres, los burritos, merecedores de libertad y cariño.

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