El cuento de Fénix

Érase una vez un lindo patito.
Cuando nació era de color blanco como la nieve, pero al crecer sus plumas se oscurecieron, porque vivía en un sitio tan sucio que sus plumas parecían gris ceniza. Junto a él vivían otros tres patitos y varias gallinas, todos apretados en un recinto mal cuidado y con poco espacio. Allí había un señor que sólo se interesaba por ellos para darles comida que les hiciera engordar mucho y así dar muchos huevos o comerse su carne. Cada cierto tiempo, uno de sus compañeros desaparecía y nunca volvían a saber de él, así que temblaban todos cada vez que el señor se acercaba a por uno de ellos.

Un mal día, y como también le pasara a nuestro amigo el carnero Félix, llegó un perro tan desesperado por el hambre que tenía (apenas le deban comida y parecía un esqueleto de flaco que estaba), que empezó a morder a todos los compañeros de Fénix.

Él consiguió esconderse en un rincón, tembló de miedo mientras veía la mala suerte que corrían sus compañeros, hasta que de pronto, el perro lo vio y se abalanzó sobre él. Pensó que no saldría de aquella, cuando algún ruido hizo huir al perro y lo dejó allí malherido.

El señor que se supone era el responsable, cuando llegó, empezó a gritar maldiciendo al perro que le había dejado sin carne para vender y sin huevos que comer. Cuando vio a nuestro amigo pensó: “Este pato todo mordido no me sirve ya para nada, cómo voy a vender una carne tan destrozada”. Y lo metió en una bolsa para tirarlo a la basura.

Pero en ese momento, tuvo la gran suerte de que aparecieran dos personas maravillosas que dijeron: “Pero no ve usted que ese pato está vivo, ¿cómo va a tirarlo a la basura?”
Y se llevaron a Fénix con mucho cuidado, primero al veterinario para que le empezara a curar todas las heridas.

Luego le buscaron una casa definitiva donde vivir y tuvo la gran suerte de que fuera el lugar donde los animales viven felices, y allí se encontró con Félix el carnero, con Zai la cerdita y con Gala la gata blanca.

Allí, como el ave de la mitología que le da nombre, consiguió renacer de sus cenizas y ahora es un alegre pato que vive feliz y relajado, con espacio para correr y jugar libremente y rodeado de seres que le cuidan y le quieren y nunca van a dejar que alguien venga a comérselo.

Fenix

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