Dulce

Hace 3 meses nacieron dos personas, las dos hembras, las dos de la especie vacuno.

A una la llamaron Dulce, por su mirada tierna y su destacado comportamiento amistoso con todo aquel que estuviera cerca. Y al otro bebé la llamaron Clara, no dijeron bien por qué.

Las dos tuvieron suerte, y pudieron mamar de sus madres.

Cumplieron un mes sintiendo el pasto a sus pies.

Dieron sus primeros pasos juntas, de echo las madres eran grandes amigas, quizás hermanas, y donde caminaba una, iba la otra pacientemente con su bebé pegada y dando trompicones.

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Así que las dos terneras, tan próximas, no paraban de jugar juntas y gozar de la fresca hierva y el calorcito del sol. Las dos pudieron ser lavadas cariñosamente por ellas, las madres vacas. Y como una de las mamás era primeriza, la experta la ayudó en todas sus tareas enseñándola a colocar a su ternera con el hocico, a lavarla para estimularla, incluso cuando iban siendo mas mayorcitas a regañarlas si estas hacían trastadas.

Era un echo el vínculo entre ellas, si una madre pastaba con la cabeza gacha, la otra vigilaba a las dos preciosas e indefensas terneritas.

En los tiempos que corren, quizás esta parezca una vida de excepciones, no olvidéis que son terneras…

Pero pasaron los días, 60 días nada más, días felices que no volverán.

Las terneras cumplieron dos meses, y pronto el granjero decidió su destino:

Como son demasiado pequeñas para ser “rentables”, no van directamente al matadero, se venden a granjeros que se las llevan para engordarlas (y a estar estabuladas y en condiciones por lo general de explotación industrial), es decir, la idílica vida de Dulce y Clara en el campito, no dura más de 2 meses, y como las suyas, cientos de bebés viven y mueren igual.

Estarán por tanto encerradas sin hacer ejercicio, sin sociabilizarse y sin volver a ver el sol, para después vénderlas como “ternera de un año”.

En el caso de Clara, tuvo la suerte de ser particularmente bonita a los ojos del hombre. Y quiso recompensar con su vida a una nieta que siendo animalista, tuvo que sufrir durante muchos años sabiendo a lo que se dedicaba su abuelo.

Ella le imploró una noche, que dejara a las dos terneritas con vida, pero dos es ya una cantidad importante de dinero y el abuelo la calmó el llanto prometiéndola el indulto de la más bonita.

Un día después de la promesa, a las 9:00 h, vino el “corredor” (el comprador de vacas) y le preguntó al granjero por Clara al verla allí, tan guapa. Le gustó y la quería como hembra de cría para su granja (nos imaginamos que horror de vida: vaca violada cada año, separada de sus bebés y a pocos años su cuerpecito gastado acabaría en el matadero para aprovechar la carne de la hembra destrozada).

Afortunadamente el abuelo le dijo que no, que justo la noche anterior se la había regalado a su nieta y el hombre insistió bastante, pero no lo consiguió.

Desgraciadamente sí a todas las demás, incluida Dulce, la ternerita. No sirvió de nada esa mirada de amor hacia los humanos que la acariciaban durante su corta vida, fue vendida como  un objeto de explotación.

Esta vez, al no ser tan bella como Clara, su destino no era ser vaca para criar, el comprador advirtió con un pienso especial  pronto alcanzaría el peso, y con unos meses de encierro estabulada, la vaca sería una gran inversión.

Y cuando la nieta pasa por algún supermercado, siempre pensativa y cabizbaja con le mismo recuerdo: una ternerita lamiendo cada mañana su mano, unos ojos llenos de amor…

Y contó como una condena los días, hasta que se cumplieron dos meses.

Parada ante la carnicería se pregunta entre lágrimas silenciosas, si los filetes que reposan envueltos en film, son parte de su pequeña y Dulce amiga, a la que no pudo salvar y, sin embargo, jamás podrá olvidar.

Tú puedes hacer que estas historias no sucedan.

No consumas productos de origen animal:

No comas carne, no te vistas con cuero o lana e infórmate de como llevar una vida sin promover la explotación de otros seres que tienen tus mismos derechos a vivir sin ser explotados.

Es fácil ser vegano, lo difícil es cerrar los ojos cuando sabes lo que pueden producir tus actos

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