CONCURSOS DE CANTO: CONFUNDIENDO AMOR CON POSESIÓN

Una terrible tradición que llega hasta nuestros días, pero que pasa inadvertida para gran parte de la población, es el secuestro de pájaros cantores. Se extraen pequeños pájaros de su medio natural para introducirlos en las jaulas en las que pasarán el resto de sus vidas.

Esta práctica afecta a los llamados fringílidos: el jilguero, el pardillo común, el serín verdecillo, el pinzón vulgar, el verderón común, el serín canario o el jilguero lúgano (Fig.1), todos ellos diminutos seres que suelen habitar en bosques y se caracterizan por un potente y peculiar canto. Este último atributo es lo que ha hecho que durante siglos -al menos desde el s. XIV- se los haya encerrado. Es curioso que siendo pájaros migradores muchos de ellos, como el jilguero, que pueden recorrer cientos de kilómetros a lo largo del año (Alemania – España ida y vuelta, por ejemplo) sean los animales a los que se les concede menos espacio en cautividad (pajareras de 20x24x14 cm se consideran «grandes»).

 
Fig. 1: Pardillo (Linaria cannabia), verdecillo (Serinus serinus) y jilguero (Carduelis carduelis). Fuente: SEO-Bridlife

Jilgueros, pardillos, verdecillos y otros son explotados para concursos de canto en los que se los induce a un gran estrés para conseguir que canten. Aunque algunos no acaban en concursos, sino en jaulas minúsculas donde no pueden volar ni relacionarse de forma normal con sus iguales o el entorno por el capricho de tener un animal salvaje en casa. Se capturan mayoritariamente machos que, siguiendo sus instintos durante el celo, cantan para atraer hembras y marcar su territorio reproductivo siendo agresivos con los otros machos. Esto, aunque natural, es estresante para ellos y supone un coste muy alto. Las capturas de hembras son minoritarias y suelen asociarse con intentos de cría en cautividad, aunque en algunas comunidades, como Madrid, no se las considera aptas para ello por lo que no se dan autorizaciones.

En los concursos se colocan los machos unos junto a otros y se «premian» las arremetidas para acobardar al oponente, es lo que se llama pega, cuanta más agresividad muestre el macho mejor. Además, a ciertos pájaros les aplica el conocido como unte, una mezcla de feromonas con base de alcohol, para aumentar su potencial como ganadores. Este doping, junto con el estrés, disminuye el tiempo de vida de los pájaros, afecta a su capacidad reproductiva y propicia enfermedades al retrasar la muda, como reconocen los propios silvestristas. Las aves que no sirven para concursar se venden o entregan a personas que en muchas ocasiones ignoran su procedencia, como por ejemplo a través de páginas de venta entre particulares, y tienen a estos pequeños en una jaula, una ventana o un balcón como si este fuese su hábitat natural.

Fig.2: Jilgueros capturados, encontrados por el Seprona. Fuente: eldiario.es

Los pájaros vienen tanto de capturas autorizadas por la administración como de furtivismo y, aunque en menor medida, de cría en cautividad. Es difícil que individuos de especies salvajes se centren en la reproducción cuando su ambiente -temperatura, ruido, espacio, etc.- y actividad social no son los adecuados. La captura de los pájaros se hace atrapándolos con redes o a través de la liga -untar un posadero en pegamento-, en ambos casos esto supone un estrés elevado para los animales que puede desembocar en lesiones o incluso en la muerte (Fig. 3.; Pinilla, 2000).

Llegados a este punto, y con estas imágenes, sería fácil concluir que quien provoca este daño a los pájaros no los puede amar. Desgraciadamente, se tiende a pensar que amamos a «nuestros» pájaros y que los cuidamos muy bien, sacándolos a la fuerza de su hábitat, separándolos de sus familias, provocándoles estrés en el momento de cazarlos y, sobre todo, impedir sus instintos privándolos de libertad en nuestras casas para siempre. Empatizar con ellos es mirar por sus intereses, priorizar su naturaleza y no obligarlos a convertirse en adornos, porque cosificar no es amar.


Fig. 3.: Jilguero macho capturado ilegalmente (SEO-Birdlife) y red para capturar fringílidos (Milanuncios)

 

Llegados a este punto, y con estas imágenes, sería fácil concluir que quien provoca este daño a los pájaros no los puede amar. Desgraciadamente, se tiende a pensar que amamos a «nuestros» pájaros y que los cuidamos muy bien, sacándolos a la fuerza de su hábitat, separándolos de sus familias, provocándoles estrés en el momento de cazarlos y, sobre todo, impedir sus instintos privándolos de libertad en nuestras casas para siempre. Empatizar con ellos es mirar por sus intereses, priorizar su naturaleza y no obligarlos a convertirse en adornos, porque cosificar no es amar.

La explotación animal es legal y de esta forma se intenta justificar, pero ¿cuántas injusticias han existido durante siglos y eran legales? La ley y la ética no siempre van cogidas de la mano. En el estado español no se prohíbe directamente el uso de especies silvestres. Más concretamente en el artículo 61 (antiguo 58, Excepciones) de la Ley 33/2015, la cual permite en caso de que no hubiese otra solución satisfactoria la autorización de permisos en pequeñas cantidades y con las limitaciones precisas para garantizar su conservación. Sin embargo, se ha seguido autorizando el secuestro de pájaros cuyas poblaciones están en declive (67% en el pardillo común y 47% en el verdecillo). Entre 2013 y 2018 España ha autorizado la captura de 1.731.861 de fringílidos, presuntamente, para garantizar la cría en cautividad, aunque durante años se ha constatado que estas especies no pueden criar.

A pesar de la presión ejercida desde las instituciones europeas (bajo amenaza de sanción, paralizada de momento) para acabar con esta práctica, que poco tiene que ver con el amor a la naturaleza, no parece que vaya a desaparecer tan fácilmente. Mientras sigan permitiéndose los concursos y la tenencia de estos pájaros silvestres, las multas para los furtivos sean escasas y parte de la clase política lo apoye, seguirán cada año secuestrándose miles de aves que podrían haber vivido entre 9 y 19 años en libertad para quitarles todo lo que conocen.

«Considera que el fin de las capturas ha dejado en la ilegalidad a 40.000 españoles, es decir, los aficionados a cazar jilgueros, pardillos, verdecillos, pinzones, verderones, canarios y luganos para alimentar sus coros que luego utilizan en concursos. Los silvestristas aseguran que la cría en cautividad no funciona para obtener pájaros que canten según sus necesidades.»

  1. Rejón en El Diario, sobre la PNL del PP en Andalucía (2019).

Considerar que los caprichos recreativos propios, o de cualquier colectivo humano, están por encima del derecho a la vida y la libertad de millones de animales es algo que no debería permitirse. La imposición de estas falsas necesidades sobre la fauna silvestre durante siglos ha dado origen a especies y subespecies como el canario doméstico (Serinus canaria domestica). En muchos casos, debido a la selección del canto o la apariencia, a estos animales les sería imposible vivir en la naturaleza (Fig 4).


Fig. 4 Canario silvestre (Serinus canaria – Fotografía de: Juan Emilio Checa) y canario doméstico (Serinus canaria subsp. domestica – Fotografía de: Luis Miguel Bugallo Sánchez)

 

Como con el resto de animales domesticados a los que hemos obligado a estar en nuestra sociedad, tenemos el deber ético de cuidar y proteger a estos pequeños. Procuraremos que su vida sea lo más plena posible a nuestro lado, tratando de cubrir sus necesidades como especie, las que les hemos creado al domesticarlos y sus preferencias como individuo. Desde El Hogar tratamos de seguir esta premisa con todos los habitantes del santuario. La compasión no depende de la especie a la que va dirigida, sino de ser empáticos y aceptar que todos queremos vivir y poder ser libres.


Un Hogar de segundas oportunidades

Durante 1 año Munay -principio andino del amor incondicional- estuvo llamando la atención a voluntarias y voluntarios de El Hogar, moviéndose nerviosamente en una pequeña jaula en la tienda donde solemos comprar la comida de otros habitantes. Una y otra vez lo veíamos desesperado por salir y moverse. Un día, sin embargo, algo cambió, una familia fue a comprarlo como si de un juguete se tratase, querían meterlo en una jaula aún más pequeña que en la que él había pasado ese año. Después de 12 meses conociéndolo no podíamos permitirlo, pues iba a ser un mero adorno en una pequeña caja, y conseguimos traerlo al santuario para que tuviese una segunda oportunidad de ser feliz. Ahora tiene un espacio pensado para él, con enriquecimiento ambiental y todo el amor de nuestros voluntarios.

Poco después de Munay llegó Marta, una pinzona que una voluntaria encontró en los terrenos de El Hogar sin poder volar y con varios huevos dentro. Los pinzones pertenecen a este grupo de pájaros cantores que tan mal lo están pasando por la avaricia de unos pocos humanos. Nuestro mayor deseo sería que Marta viviera en libertad, pero al no poder volar es una presa fácil de cualquier depredador, por ello nos hemos propuesto cuidarla y hacer su vida lo más plena posible. Con la ayuda de la veterinaria, y adaptando nuestras instalaciones a sus necesidades, vamos a ofrecerles una alimentación y un ambiente lo más parecidos posible a su entorno natural.

¿A que ahora tienes otra visión sobre estas aves? ¿Sabes que en El Hogar tenemos un voladero con palomas  y otro más pequeño donde está el pequeño Munay viviendo de la manera más libre posible? Tranquilo, seguro, sin temores y feliz. Trabajamos en un proyecto que liberará a más pájaros encerrados en las ciudades. Abriremos jaulas y todos esos seres dependientes estarán en un entorno de libertad disfrutando de su hábitat natural sin que nadie los explote.

Estas cosas no podríamos hacerlas sin la sensibilidad y la empatía de las personas. Cualquier pequeña aportación siempre puede valer para darles lo mejor. Si quieres, tú también puedes colaborar haciéndote socia o por ejemplo amadrinando a Munay. Escribe a [email protected] y sé parte de El Hogar.

 

Fuentes:
Fotografías:

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