Camila, la pequeña gallinita

¿Qué hago yo aquí?

¿Dónde está la hierba, dónde los granos de maíz, dónde está la suave arena sobre la que andar y la paja en la que dormir? Asfalto, cemento, ladrillos, los bajos de los coches, calor y soledad. Miedo y confusión.

Así vimos a un pequeño pollo corriendo por la acera, gritando, que no piando, desesperado y perdido. Pero… ¿qué haces tú aquí?

Lo que parece gracioso para algunos mientras siguen andando su camino: “anda, qué gracia, un pollo por la calle”, es lo bastante preocupante para otros como para no poder pasar de largo y no seguir andando: “este pollo no puede sobrevivir aquí”.

A pesar de que capturar a un asustado pollo que deambula por la calle llevó más de media hora y supuso llegar tarde a dónde íbamos, a pesar de que supuso mancharse la ropa y arañarse las manos de agacharse entre los coches, y correr a contra reloj por intentar capturarte antes que los dos gatos que también tenían el mismo objetivo, a pesar de que nos lo ponías difícil y hacía un insoportable calor, a pesar de todo ello… ¿cómo te íbamos a dejar ahí?

Una vez entre mis brazos pude sentir tu pequeño corazón correr a punto de estallar, y tus ojos mirar con pánico, tu actitud rendida, tu sumisión y tu abandono “¿qué hago yo aquí? haced de mi lo que queráis”.

Aparte de ese miedo, pocas cosas más has debido conocer: una estrecha, mugrienta y vieja jaula, quizás. Entre chatarra, basura, trastos y escombros. Y, a juzgar por tu delgadez, has debido conocer muy bien el hambre y el pan duro.

Quizás hayas escapado de una vieja chatarrería que hay al final de la calle, de donde, al pasar, sale un nauseabundo olor y por donde se entrevén hierros, planchas de latón, basura y poco más.

Quizás, el que te hayas despistado esa mañana y hayas salido por un descuidado agujero en una verja, en un viejo muro o en una triste jaula, no haya significado el peligro de ser arrollada por un coche, cazada por algún gato, morir de hambre o ser aplastada por un camión. Quizás haya significado tu salvación ¿Cómo devolverte a la esclavitud? Quiero creer que el susto que llevas encima tras haberte capturado, no va a ser en vano ¿Quizás alguien pueda hacer realidad la oportunidad que la vida te ofrece?

Sí. El Hogar de Luci siempre está ahí.

Este es tu lugar. Aquí están la hierba, los granos de maíz, la suave arena sobre la que andar y la paja en la que dormir. No más jaulas, no más chatarra, escombros basura, hambre, miedo, sustos ni persecución. Ya no eres un ingrediente, no eres una más entre varios pollos hambrientos, ignorados y olvidados, simplemente criados para acabar en un triste puchero.

Ahora vives libre, feliz, acompañada, fresquita en verano y calentita en invierno. Eres una joven gallinita, eres tú y tienes un nombre; te llamas: Camila.

Por Marta “la gata”

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