Calimero

Y en la noche te recibí ansiosa. Preocupada. No estaba segura de si iba a saber cuidarte.
Y te mimé todo lo que pude. Te observe y pude ver lo que necesitabas (creo).
Aprendí a no cambiarte nada de sitio para que tu ceguera no fuera un problema.
Enseñé a los voluntarios a darte de comer y beber para que no te faltara de nada.
Te besé y te abracé como puedo hacer a mi mejor amigo.
Porque no se si yo lo fui para ti, pero tu para mi, Calimero fuiste más que eso. Mi pequeñito ciego. No se si gallo, hijito, compañero, da igual el nombre con el que me refiera a ti. El sentimiento que tengo de pérdida es el mismo.
Ojala fueras feliz en el santuario, y no recordaras nada de lo que te hicieron sufrir en el pasado. Tus heridas de fuera curaron, y aunque maltrecho, caminabas, cantabas y hacías una vida normal pese a tu falta de visión.
Que bonito oírte cantar a desoras, y si no lo hacías, ya me tenias preocupada en la negrura de la noche y al amanecer agudizaba el oído para escucharte.
Las madrugadas de primavera, cuando mas cantabas, tan alto y claro dejabas saber que estabas aquí, y rompías sueños pero me sacabas sonrisas.
Y ahora duermo, pero despierto vacía.

¿Cómo aprenderá a cantar Claudio sin oírte y copiarte? Nos dejas huérfanos de amor pelirrojo guapo.

Tu mami, amiga y compañera,

Elena

calimero

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