Amadeo

Amadeo crece feliz, curioso y parlanchín, paseando su cuerpo rosado cada vez más grande, por todo el santuario. Ya no podemos imaginar nuestra vida sin él.

Está aquí para vivir su vida en libertad, pero también para mostrar a todos que no es distinto a ese perro que adoras y que pide con su mirada que compartas tu cena con él, o de ese gato que ronronea mientras le acaricias la espalda. Amadeo, Clara, Félix, y todos los demás, tienen las mismas necesidades de compañía y afecto, y la misma capacidad para comunicarse.

Todos son, somos, iguales en lo esencial.

amadeito

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