Adaptación de gatos en una mudanza

 

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Los gatos son unos animales muy sensibles al cambio.

Las consecuencias emocionales para los gatos, en caso de que los cambios introducidos en sus vidas no estén bien dirigidos, pueden llegar a ser muy negativas, presentando cambios de humor, tristeza, miedo, depresión e incluso agresividad.

En El Hogar Animal Sanctuary siempre hemos tenido en cuenta las necesidades de todos los habitantes y ahora, en el momento de la mudanza de Madrid a Tarragona, hemos cuidado todos los detalles para que la adaptación sea lo más fácil posible.

En el caso de los gatos, en primer lugar habilitamos una zona del santuario para ellos, amplia, segura y en la que tengan fácil acceso a agua, comida y arena. Preparamos la zona pensando en su comodidad, y también la dotamos con elementos que contribuyan a su diversión y relax, como redes, camas, y muebles y zonas altas en las que tanto les gusta estar.

Una vez dispuesta la nueva habitación, hemos ido incorporando objetos traídos del viejo santuario para así introducir en Tarragona olores que sean familiares para los gatos. Mientras, en Madrid, les hemos cambiado de habitaciones, abriéndoles nuevas estancias de la casa. Con esto, buscamos introducir un primer cambio en la rutina de los felinos, que se acostumbren a nuevos olores y espacios, distintos a los que ocupan habitualmente.

Unos días después, comenzamos a organizar todo para el viaje. Cada gato ocuparía un transportín, para evitar posibles peleas durante el traslado y también por su propia seguridad. En cada transportín se coloca un empapador, que absorba la orina en caso de que sea necesario, de modo que los gatos permanezcan limpios y secos.
El vehículo para el viaje, debe contar con una buena ventilación y también una climatización adecuada, puesto que con el estrés a los gatos les sube la temperatura corporal y si en el vehículo la temperatura no es la correcta, las consecuencias pueden ser muy negativas.

El día del viaje, escogemos música relajante para escuchar durante el trayecto. También introducimos objetos y mantas en la zona donde viajan los gatos, de nuevo para que los olores que les resultan conocidos viajen junto a ellos. De esta forma, el clima del viaje será más relajado. También es importante interactuar con ellos durante el viaje, hablarles de manera calmada y cariñosa. Nosotros les explicábamos con ilusión lo maravilloso que es el sitio al que viajaban, porque, aunque a menudo pensemos que no nos entienden, sí captan los tonos y si nuestra voz transmite tranquilidad e ilusión, esto les ayudará a comprender que lo que está pasando no es algo malo.

Durante el trayecto, a pesar de nuestras precauciones y mimos, posiblemente los gatos muestren su nerviosismo: algunos babean, otros vomitan, otros se hacen caca… Es importante hacer paradas periódicas para revisarles, pero lo más importante de todo: nunca abrir los transportines estando el vehículo abierto (ni puertas ni ventanas), ya que es muy posible que el gato salga huyendo debido al estrés que acumula. Conocemos a mucha gente a la que se le han escapado sus compañeros felinos precisamente por esto.

En nuestro viaje llevábamos toallitas de bebé y, en caso de que fuese necesario, limpiábamos con ellas la suciedad, abriendo el transportín siempre con la furgoneta cerrada.

Una vez en Tarragona, hemos ido sacando los transportines de la furgoneta poco a poco, tranquilamente, y los hemos ido situando en la nueva casa de los gatos. Cuando ya todos estaban en la habitación, Elena se ha sentado un rato entre ellos, de modo que los gatos pudiesen verla y olerla y les ha repartido comida mientras les abría las puertas de los transportines.
Cada gato ha salido por su propia voluntad, cuando se ha sentido preparado; no hay que obligarles ni empujarles para que salgan, hay que respetar sus momentos y sus tiempos. Algunos, como Comino “el intrépido” no han tardado en salir a investigar, mientras que otros, como Tigra, han tardado varias horas.

A medida que los gatos abandonaban los transportines, los íbamos retirando. Esto contribuye a relajar el ambiente, puesto que el pis de un gato que está estresado (el conocido como “pis del miedo”) incorpora unas hormonas que le dan un olor distinto, más fuerte, y que hace que los gatos que lo huelen, se pongan en guardia. Si algún gato oliese de este modo, sería deseable también limpiarle delicadamente, empleando por ejemplo unas toallitas de bebé.

En las primeras noches en su nuevo hogar, Elena (la persona con la que ellos llevan conviviendo más de seis años) ha dormido con ellos, manteniendo una tenue luz en la habitación, que les ayuda a no sentirse tan perdidos. Pasaron la primera noche tranquilos, algunos más escondidos que otros, y poco a poco han ido atreviéndose a salir e investigar por esa habitación.

Cada uno tiene sus tiempos y debemos respetarlos, puesto que para ellos es un cambio enorme. Habituados a una estancia, a unos olores, a unas personas con las que convivían durante seis años, un traslado radical que no tenga en cuenta la gran sensibilidad de los felinos ante los cambios puede ser muy negativo para ellos.

Es muy importante que tengamos en cuenta que cuanto más despacio hagamos las cosas con los gatos, mayores serán las posibilidades de éxito y más felices serán nuestros compañeros en ese nuevo hogar que hemos preparado para ellos con todo nuestro cariño.

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